RECUERDO A MI PADRE EN SU TALLER

¿Dónde está la madera...?
¿Y dónde el corazón de la madera...?
¿Dónde la hoja, dónde la raiz
y el rumor y la aurora
y la mínima orquesta de los pájaros...?
 
¿Y dónde la viruta generosa
y el aserrín, alumno de los muñecos...
y la garlopa, maestra
de perfecciones vegetales...?¿.¿Dónde
el metro medidor de los maderos,
esquetos de mayos y de inviernos...?
¿Dónde todo el temblor
sumiso de los árboles...?
 
Yo sé bien donde está
todo esto que he dicho.
 
En las hinchadas venas de tus brazos;
y en los callos, tan duros, de tus dedos,
pero tan tiernos para nuestras frentes;
y en la arbórea paloma de tus manos
tan llenas de virutas,
de penumbras, consejos
y de vuelos caídos, consumidos
entre necesidades materiales.
 
Si corren cielos
como corría sangre por tus venas,
es seguro que Dios tiene una barca
en un cordial recodo
de tus arterias, hoy blancas, celestes.
 
¡Qué gratitud sentían
los árboles llegados al taller!
¡Qué eternidad perfecta
les dabas con tus manos!
 
-Padre mío que estás en mi silencio
y en este verso con que evoco el tiempo
en que no fui tan hijo
de tu ternura íntima y callada
y, por mi culpa, llena de amargura.
 
Quiero decirte que te quiero; y quiero
cuanto fue de la casa sombra tuya,
hechura tuya, voz y mando tuyos.
 
Y sean estos versos
el beso que esperaste y no te di;
y ahora te doy sabiendo que lo esperas
para que sea feliz completamente
tu bien ganada limpia eternidad.