POEMA DE LA SEGUIRIYA

Tres de la mañana
 

Y por la sierra del cante,
a las tres de la mañana 
baja la serrana, sube la serrana,
baja y sube la serrana:

-¿Dónde está mi hermana grande,
mi seguiriya gitana...?

Con cinco golpes, con cinco
puñaladas, contesta la seguiriya
desde la guitarra:

-Esperando estoy que den
las cuatro de la mañana;
hora en que las farolas
están con la luz cansada;
hora en que hasta los recuerdos
están a punto de lágrimas;
hora en que se inventan penas
por el gusto de llorarlas.

Con una bata de cola
negra, inmensa, grave, larga,
con lunares de olivar
y volantes de albahaca,
la noche va monte arriba.
Qué buena peina de plata
la luna; qué castañuelas
en los grillos y en las ranas;
y qué palmas en los álamos,
y allá lejos por el río
qué palmas sordas, qué palmas.

Con una pena sin nombre
la seguiriya se acerca
al pozo de la guitarra;
se mira en el fondo oscuro
del pozo de la guitarra;
se tira al sonoro fondo
oscuro de la guitarra;
y llora y casi se ahoga
de dolor y de guitarra;
y sube y luego se asoma
al brocal de la guitarra;
y allí canta.

Y la sangre por las venas
del alma y de la guitarra
pena y llora, canta y pena
por seguiriyas gitanas.

Hora de trenos flamencos,
las cuatro de la mañana.

Se ponen en pie las cosas
que estan medio olvidadas;
se levantan los recuerdos
y hacen guardia
junto al río de los ayes,
junto al pozo de las lágrimas;
y penas que nunca fueron
ahora son, duelen y pasan,
dejando fría la piel
y nudos en la garganta.

¡Ay, placer de los pesares
que se penan, que se pasan,
que se cantan, que se sufren,
por seguiriyas gitanas!

¡Ay, cuatro de la mañana
por seguiriyas gitanas!

¡Ay, morirse poco a poco
por seguiriyas gitanas!